¿Quién es Jesucristo?

La gran pregunta que se plantea hoy día es: ¿Quién es Jesucristo? Elegí esta pregunta, porque no tenemos tiempo de comenzar por el principio: ¿Existe Dios? y ¿Cómo puedo saber que Dios existe? Inclusive, si tuviéramos tiempo, si yo presentara una base racional para la existencia de un Dios personal e infinito, de última, también deberíamos preguntarnos: ¿Quién es Jesucristo? Si reuniéramos a los religiosos de todo el mundo, de los diferentes credos y de las diferentes culturas, y le preguntáramos: ¿Quién es Dios? se nos darían muchas definiciones diferentes. Unos dirían que Dios es personal. Otros, que Dios es impersonal. Pero si creemos que la verdad no es relativa, debemos llegar a la conclusión que Dios no puede ser al mismo tiempo, personal e impersonal. Cuando examinamos las preguntas sobre Dios, ¿quién es Él? y ¿cómo puedo yo conocerlo?, nos vemos enfrentados con la limitación de una mente finita que trata de entender un ser, una persona infinita, a Dios.

Por el hecho que la mente humana es finita y limitada, la humanidad elaboró muchas opiniones diferentes. Como consecuencia, cuando una persona dice que no existe Dios, esa persona viola una presuposición filosófica fundamental. Una persona finita, hace una afirmación absoluta e infinita. Sería como si preguntáramos cuánto conocimiento posee la humanidad. Albert Einstein, el ganador del premio Nobel de Física, dijo que la humanidad posee menos del uno por ciento de todo lo que se puede conocer. Si nosotros poseemos el uno por ciento del conocimiento total, ¿no será posible que Dios esté quizás en los otros noventa y nueve por ciento? Veis que es imposible que una persona con una mente finita haga una afirmación absoluta e infinita, que Dios no existe, porque para hacer una afirmación tal, el hombre debe poseer el conocimiento total.

Por eso es tan difícil para el hombre tener un concepto de Dios, tal como Él es y estar convencidos que sus opiniones son correctas. Pero supongamos que de ese grupo de expertos religiosos a los que hemos reunido, se levanta uno y dice: “Yo soy el Dios todopoderoso, yo soy el Creador de los cielos y de la tierra. Yo os creé a vosotros y si queréis que vuestra vida tenga verdadero sentido, debéis conocerme de modo personal y tener una relación conmigo”. Si sucediera eso, tendríamos al menos, un punto de partida. Podríamos analizar las evidencias que vemos en su vida y determinar la veracidad o falsedad de esas afirmaciones. Exactamente este problema lo tenemos con respecto a la persona de Jesucristo. Jesús se levantó hace 2,000 años, en el tiempo y el espacio, y dijo: “Yo soy Dios”. Él afirmó que es el Creador de los cielos y de la tierra, sólo por Él la humanidad puede tener verdadera paz, encontrar sentido a la vida y recibir la vida eterna. No sólo hizo esta declaración extraordinaria, sino que tuvo la capacidad de sostener esas afirmaciones. La unicidad de Cristo radica en el hecho que Él afirmó que es Dios.

Permitidme detenerme aquí y decir que Jesús es único entre los conductores religiosos del mundo por el hecho que Él declaró que es Dios. Buda nunca pretendió ser Dios. Moisés nunca pretendió ser Dios. Mahoma nunca pretendió ser Alá. Pero Jesucristo afirmó que él es el Dios vivo y verdadero. Los relatos escritos nos muestran que Jesús no fue crucificado porque resucitó muertos o porque dio vista a los ciegos y sanó enfermos. Jesús fue crucificado porque afirmó de sí mismo que Él es Dios. Eso hace que el problema de su divinidad sea de la mayor importancia.

  • Buda dijo:
    • “Yo soy un maestro en busca de la verdad”.
    • Jesús dijo: “Yo soy la verdad”.
  • Confucio dijo:
    • “Nunca pretendí ser santo”.
    • Jesús dijo: “¿Quién puede acusarme de pecado?”
  • Mahoma dijo:
    • “Si Dios no me cubre con su misericordia, no tengo ninguna esperanza”.
    • Jesús dijo: “Si no creéis en mí, moriréis en vuestros pecados”.

Las afirmaciones de Jesús fuerzan al oyente o lector a decidir. Lo que tú elijas hoy hacer con Jesucristo, es la decisión más importante que alguna vez tomarás. Tu decisión en relación con Jesucristo es más importante que tu ideología. Es más importante que tu carrera; y es más importante que el compañero de vida que elijas. Si Jesús es Dios, entonces debes decidir qué vas a hacer con esta información.

Si Él no es Dios, entonces no tenemos nada que hacer con Él. C. S. Lewis, un profesor de la Universidad de Oxford, fue un ateo reconocido hasta que, más tarde llegó a ser cristiano. En sus escritos, Lewis subrayó el hecho que no podemos ser neutros frente a Jesús. Lewis dijo:

Intento aquí demostrar que nadie debe decir la siguiente estupidez que los hombres dicen muchas veces sobre Él: Yo estoy listo para aceptar a Jesús como un gran Maestro moral, pero no acepto su afirmación que es Dios. Esta es una afirmación que nosotros no debemos hacer.

Un hombre que es sólo hombre, y dice cosas del calibre que dijo Jesús, no es un gran Maestro moral, sino, o es un loco, al mismo nivel que aquel que afirma sobre sí que es un huevo, o es el mismo diablo del infierno. Tú debes elegir. O este Hombre fue el Hijo de Dios, o fue un loco o quizás algo peor. Puedes encerrarlo por considerarlo loco, puedes escupirlo y matarlo considerándolo un demonio; o puedes caer a sus pies y considerarlo Señor y Dios. Pero no vengamos con cosas sin sentido, con un aire de superioridad, y no digamos que fue un gran Maestro de la humanidad. Él no dejó abierta esta alternativa”.

Espero que después que termines de leer este discurso, no vas a continuar diciendo que Jesús fue un hombre bueno. Si quieres ser sincero y guardar tu integridad intelectual, no puedes colocarte en una posición neutra. Jesús es, o Dios o un mentiroso. Puedes llegar a la conclusión que Jesús no es Dios y decidas no saber nada con Él, pero como dijo el profesor Lewis, te ruego, no digas que Él fue sólo un buen guía moral.

Las dos preguntas de Jesús:

Un día, Jesús les planteó a sus seguidores, dos preguntas:

¿Quién dicen los hombres que soy Yo?

Y vosotros, ¿quién decís que soy?”

Estas dos preguntas son nuestro punto de partida. Primero: ¿Qué tiene el mundo que decir acerca de Cristo? Si ya has hecho investigaciones sobre Jesucristo, probablemente estás de acuerdo con la mayoría de los pensadores, que Jesús es la más singular personalidad que el mundo conoció jamás. Cuanto más estudies su vida, tanto más impresionado quedarás. Inclusive los ateos y escépticos del mundo, reconocen la singularidad de Jesús. Escucha lo que dijeron los escépticos del mundo sobre Jesús y su inigualada contribución a la historia humana.

Renan, un pensador y ateo francés, dijo:

Cualquiera sea la sorpresa que nos traiga el futuro, una cosa es segura: Jesús nunca será superado”.

Rousseau, otro pensador francés, comparó a Jesús con Sócrates y dijo:

Si la vida y la muerte de Sócrates fueron la de un gran sabio: la vida y muerte de Jesús, fueron la de un Dios”.

Napoleón dijo:

Yo conozco al hombre y puedo decir que Jesucristo no fue un simple hombre”.

Lord Byron, el poeta inglés, el que con seguridad no abrazó los principios cristianos y murió a la edad de veintiséis años, porque vivió su vida para sus placeres egoístas, dijo acerca de Jesús:

Si alguna vez un hombre fue Dios, o Dios fue hombre, Jesús fue ambas”.

Recientemente, un escritor describió su influencia de la siguiente manera:

No exagero si digo que todos los ejércitos que lucharon alguna vez, todas las flotas que fueron construidas, todos los parlamentos que gobernaron alguna vez y todos los reyes que reinaron alguna vez, no afectaron la vida del hombre sobre la tierra con tanta fuerza como la afectó una sola vida, la de Jesús de Nazareth”.

Otro historiador describió la influencia de la vida de Jesús de la siguiente manera:

Diecinueve siglos vinieron y pasaron, y hoy Él todavía es este Jesús de Nazareth, sin dinero y sin armas, conquistó más millones de personas que Alejandro Magno, César, Mahoma o Napoleón. Sin conocimientos ni educación superior, él derramó más luz sobre los problemas humanos y divinos que todos los filósofos y sabios juntos. Sin la elocuencia de aquellos que pasaron por los colegios superiores, Él pronunció las palabras de vida de un modo como nunca antes fueron y nunca más serán pronunciadas después de Él, y produjo efectos, que ningún orador o poeta podrá tener. Sin escribir ninguna frase, Él puso en movimiento más lápices y produjo muchos más temas para prédicas, discursos, debates, obras de arte, volúmenes de estudio y cánticos, que todos los sabios de la antigüedad hasta la era moderna. Nacido en un pesebre y crucificado como un malhechor, Él tiene ahora, el control sobre los destinos del mundo civilizado”.

Jesucristo es considerado por los escépticos y hombres que lo conocieron en vida como siendo la más singular persona que vivió alguna vez. Recordaos de nuestra pregunta: “¿Quién dice la gente que es Jesús?” Algunos hombres dicen que Jesús fue una leyenda o un mito, que Él nunca existió.

El historiador Philip Schaff dice:

Estoy convencido de la existencia de Jesucristo de la misma manera que estoy convencido de mi identidad”.

El Dr. F. F. Bruce dijo:

Algunos hombres juegan con la idea que Cristo fue un mito o una leyenda; ¡los que hacen esto, no se basan sobre evidencias históricas!”

Inclusive las fuentes históricas no religiosas, como ejemplo, Cornelio Tácito, hablan en detalle de la persona de Cristo. Flavio Josefo, el conocido historiador hebreo del primer siglo, habla sobre la vida y muerte de Jesús y como él iba de lugar en lugar, afirmando sobre sí que era el Mesías y haciendo maravillas.

El escéptico H. G. Wells, en su obra The Outline of History, dedica 20 páginas a Jesucristo, analizando su vida y su muerte desde una perspectiva histórica. Asimismo en la Biblia tenemos cuatro relatos detallados diferentes sobre la vida de Cristo. Me doy cuenta que muchos hombres ponen entre signos de interrogación la autenticidad de la Biblia, pero os recuerdo que debemos estar muy atentos con las afirmaciones que no se basan en investigaciones serias. De hecho, existen muchas más evidencias no-religiosas que apoyan la autenticidad de los cuatro Evangelios, que para apoyar cualquier otra obra de la literatura clásica.

La Biblia, fuente digna de confianza

En su libro The Evidence for Classical Literature (Evidencias en apoyo de la literatura clásica), el profesor Barnes presenta tres pruebas estándar utilizadas para determinar la autenticidad de los documentos históricos: la prueba bibliográfica, la prueba interna y la prueba externa.

La prueba bibliográfica analiza el número de ejemplares del manuscrito original y las copias existentes, cuando no existe ningún original. La prueba interna analiza las congruencias e incongruencias del manuscrito. La prueba externa analiza otros materiales históricos para determinar si ellos ratifican o rectifican las afirmaciones de un manuscrito, o sea, analizan las evidencias arqueológicas. Miremos cómo funciona la prueba bibliográfica:

César escribió la historia de las guerras Gálicas entre los años 100 y 44 a.C. El ejemplar más antiguo que poseemos fue escrito 1000 años después de la muerte de César y no tenemos sino 10 ejemplares de ese documento. Platón escribió entre los años 427 y 347 a.C. Las copias más antiguas de sus escritos que poseemos hoy fueron escritas alrededor del año 900 d.C, en otras palabras, unos 1200 años después que fueron escritos los originales. Únicamente tenemos siete ejemplares.

Aristóteles vivió y escribió entre los años 384 y 322 a.C. Hoy poseemos nada más que cinco ejemplares de sus manuscritos, y el más antiguo fue escrito alrededor del año 1100 d.C, 1400 años después que fue escrito el original. Tácito, historiador romano, escribió en el primer siglo y el único ejemplar que tenemos de sus escritos es del 1100 aproximadamente, 1000 años después que fue escrito el original. Mediante la prueba bibliográfica, los expertos confirman la autenticidad de los documentos escritos por César, Platón, Aristóteles y Tácito, y la credibilidad de los autores. Por eso vamos a aplicar esa misma prueba a los escritos Bíblicos, a los documentos del Nuevo Testamento.

Los Libros del Nuevo Testamento fueron escritos aproximadamente entre los años 40 d.C y 90 d.C. Los manuscritos más antiguos son de alrededor del año 130 d.C., a sólo 40-50 años después que fueron escritos los originales; y existen más de 1300 ejemplares. Si aplicamos la prueba bibliográfica al Nuevo testamento, debemos pensar bien antes de decir que no tenemos confianza en la literatura Bíblica. Cuando apliquemos las pruebas internas y externas, vamos a ver más claramente por qué la Biblia es un documento digno de confianza y claramente, inspirado por Dios.

J. Harold Greenlee, especialista en el estudio del Nuevo Testamento en griego, agrega:

Siendo que los investigadores aceptan en general como dignas de confianza los escritos de los clásicos antiguos, por más que los originales que poseemos fueron escritos tanto tiempo después de que se hayan escrito el original y ese número de manuscritos es en muchos casos pequeño, es evidente que la credibilidad del texto del Nuevo Testamento está de la misma manera, asegurada”.

Recordemos nuestra pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es Jesús? Muchas veces descubro que los intelectuales tienen la tendencia a decir que los problemas religiosos son útiles únicamente para ayudar a hombres menos educados; que únicamente a hombres ignorantes y sin educación les interesa conocer a Dios, y que ellos son los únicos que necesitan de Dios. Permitidme compartir aquello que dijeron algunos de los grandes intelectuales del pasado y del presente, sobre la lucha de ellos de encontrar a Dios mediante la persona de Cristo.

El poeta y dramaturgo alemán, el más sofisticado de los poetas y literarios alemanes, Johan Wolfgang von Goethe, el genio de Alemania, llamó a Jesús:

El divino, el Hombre Santo”.

Y escribió:

Si el Divino apareció alguna vez sobre la tierra, esto sucedió en la persona de Cristo”.

El ganador del premio Pulitzer Aleksandr Soljenitsin, sobre el que yo creo que es el más grande genio literario de este siglo, habla abiertamente sobre su fe en Jesucristo, y cómo un doctor hebreo lo ganó para Cristo cuando él estaba en el Gulag.

Escritores como Fiodor Dostoevski y León Tolstoi de la Unión Soviética describieron la obra del Espíritu de Dios que les transformó sus vidas. León Tolstoi, el famoso escritor ruso, que vivió la mayor parte de su vida como ateo, hizo la siguiente afirmación hacia el final de su vida:

Durante 35 años de mi vida fui, en el verdadero sentido de la palabra, un nihilista, no un socialista revolucionario, sino un hombre que no creyó en nada. Hace cinco años atrás, la fe llegó a mí. Creo en la doctrina de Jesús, y mi vida entera fue sometida a una transformación la vida y la muerte dejaron de ser malas, en lugar de la desesperación gusté la alegría y la felicidad que la muerte no se puede llevar”.

William Shakespeare, el cual probablemente es el mayor genio literario de todos los tiempos, dijo:

Confío mi alma en las manos de Dios, mi Creador, creyendo con convicción en Jesucristo, mi Salvador”.

El profesor Ambrose Fleming, nombrado el más destacado hombre de ciencia de Inglaterra, profesor emérito de ingeniería eléctrica de la universidad de Londres, dijo, hablando acerca de su fe en Cristo:

No hay nada en la Biblia que cree problemas al hombre de ciencia, en lo que respecta a la persona de Jesucristo”.

Hoy en la Unión Soviética, el Dr. Dimitri Kuznetsov, un bioquímico que tiene tres doctorados, ganó el premio Lenin Konsomol en ciencia. Él estuvo en Estados Unidos en el año 1989, y habló acerca de su fe en Cristo. Él escribió un artículo en la Unión Soviética acerca de la ciencia sin ateísmo.

Karl Barth, uno de los más conocidos intelectuales de este siglo y conocido como “el gran pensador suizo”, fue preguntado cuál fue el pensamiento más profundo que tuvo él alguna vez. Su respuesta fue:

Jesús me ama. Eso sé”.

El profesor Charles Malek, ex-presidente de las Naciones Unidas, dijo acerca de su fe en Jesucristo:

Debemos eliminar la división entre Cristo y el universo, entre el intelecto y la fe”.

El me dijo a mí personalmente sobre el hecho que dedicó su vida a Jesucristo, como su Señor y Salvador. A continuación, os ruego, no digáis que Jesús fue solo un hombre moral bueno, y aceptéis la conclusión que Él no existió nunca y que sólo fue un mito. Y os ruego que no creáis que sólo a los hombres ignorantes y sin educación les interese quién es Jesús. Si hacéis esto, no creo que busquéis la verdad de modo correcto.

¿Quién dices tú que es Jesucristo?

Vamos a abordar ahora, la segunda pregunta: ¿Quién dices tú que es Cristo? Antes de que puedas contestar esta pregunta, necesitas algunas evidencias y datos que te pueden ayudar a tomar una decisión inteligente. Debemos preguntarnos a nosotros mismos si existen suficientes pruebas para justificar una fe inteligente en Jesucristo como Salvador del mundo. Mi corazón no puede hacer algo que mi mente rechaza. Por eso, antes de terminar esta noche, vas a tener que responder con el corazón la pregunta: ¿Quién es Jesucristo? Pero yo te entiendo, pues muchas veces en mi vida encontré obstáculos mentales a los que tuve que hacer a un lado para que mi fe tenga el fundamento inteligente que desea Dios.

Si Dios existe y no calla, si Cristo es la respuesta a las necesidades del corazón humano, Dios quiere que yo con mi mente entienda Su plan de atraer al hombre a una relación Consigo mismo. El cristianismo está construido sobre el fundamento sólido del conocimiento y la capacidad de sostener las afirmaciones de Jesucristo.

Algunas de sus afirmaciones únicas sobre sí mismo

Permitidme pasar revista a algunas afirmaciones de Jesús sobre sí al mismo tiempo que preparamos el cuadro para las implicaciones de esas afirmaciones que Él hizo sobre sí mismo.

Cuando Jesús dio vista a un ciego, dijo:

Yo soy la luz del mundo”. Juan 9:5

Cuando alimentó 5000 personas con dos peces y cinco panes, Él dijo:

Yo soy el pan de vida”. Juan 6:35

Cuando estuvo frente al hombre que iba a ejecutarlo y fue preguntado: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?, Jesús respondió:

Tú lo has dicho”. Mateo 26: 63-64

Tomás, el discípulo que dudó que Jesús en verdad haya resucitado de los muertos, dijo, cuando vio a Jesús y sintió las heridas de sus manos y de su costado:

¡Señor mío y Dios mío!” Juan 20:28

Jesús dijo:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Juan 14:9

Después que resucitó a un hombre muerto, Él dijo:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25

De este modo, la afirmación de Jesús que Él es el Salvador del mundo y la unicidad de su obra, son muy claras. Probablemente uno de los más importantes aspectos de sus afirmaciones sobre sí mismo, es su derecho a perdonar pecados sobre esta tierra, un derecho que estaba reservado en exclusividad a Dios. Escuchad uno de los relatos en los que está mencionada esta afirmación:

Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó enseguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa”. Marcos 2:1-12

Vamos a concentrarnos ahora sobre una de las más profundas afirmaciones que hizo Jesús alguna vez, la cual si es verdadera, es realmente sorprendente. Si esta afirmación es verdadera, estás enfrentado a una decisión acerca del modo cómo vas a vivir tu vida con Él o sin Él.

Él dijo:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6

El Camino

Él no dijo: “Yo soy un camino”; Él dijo: “Yo soy el camino”. Muchos hombres creen que Dios está sobre la cúspide de una montaña, y los hombres del mundo tienen una multitud de caminos mediante los cuales pueden llegar a Dios, el cual se halla en la cumbre. Ellos creen que no tiene importancia cómo llegan a la cumbre donde está Dios, pues todos los hombres suben para llegar al mismo sitio, donde pueden conocer a Dios. De este modo, ellos sacan la conclusión que cualquier camino mediante el cual llegues a la cumbre es bueno, o que cualquier fe que elijas te llevará a Dios. Cualquier camino es legítimo, pues todos nosotros subimos por la misma montaña, ¿no es así? No es así, si tomamos un principio de la lógica llamado “la ley de la no-contradicción”, la cual dice que si A contradice a B, o B lo contradice a A, entonces o uno está correcto y el otro equivocado, o los dos están equivocados.

Por ejemplo, si yo digo que todas las lapiceras escriben negro, y tú dices que algunas lapiceras escriben con tinta azul, no puede ser que ambas afirmaciones sean verdaderas. O yo tengo razón y tú erraste, o tú tienes razón y yo erré, o los dos erramos. Otro ejemplo, los musulmanes dicen:

Jesús fue un profeta, un hombre moral y bueno. Pero Él no murió en la cruz, no resucitó al tercer día; y para llegar a Dios debes obedecer a Mahoma”.

Los cristianos están de acuerdo con Jesús, el cual dijo que Él es el Salvador del mundo. Él murió en la cruz, y tres días después resucitó de entre los muertos. No es posible que las dos posiciones sean verdaderas: o una de las dos es incorrecta o las dos son incorrectas. Aparte, Jesús dijo: “Yo soy el camino”, no “un camino”, y esta es una afirmación muy exclusivista. Si las palabras de Jesús son verdaderas, significa que él elimina todos los demás senderos hacia Dios. Si Jesús es el camino, el único camino mediante el cual puedo ir a Dios, entonces ni Mahoma, ni Confucio, ni Buda, ni el yo, ni nadie es un camino hacia Dios.

No fui yo quien hizo la afirmación de más arriba. Si existe otro camino hacia Dios, otro que no sea mediante Jesucristo, el Hijo de Dios, entonces la muerte de Cristo sobre la cruz pierde todo significado. Si existen muchos otros caminos hacia Dios, entonces no hubiese sido necesario que Él envíe a su Hijo Unigénito para que muera sobre una cruz en tu lugar.

¿Te parece que esta afirmación es estrecha? ¿Exclusivista? ¿Rígida? Quizás sea así, pues Dios lo dijo claramente y sin ambigüedades, por el hecho que es muy importante. Existe otra modalidad de mirar la afirmación de Jesús que Él es el camino. Si tomas en consideración el hecho que Dios es perfecto, la reacción más poderosa es de asombro, pues podemos tener una relación con Él. Cuando pienso en el estado del hombre, lo que me parece a mí increíble es el hecho que exista un camino hacia ese Dios santo y justo.

Mira la posición precaria del hombre. Nosotros hemos violado los estatutos y las leyes de un Dios perfectamente santo y perfectamente justo. ¿Cómo? Según dice la Biblia, todos nosotros hemos pecado y no nos hemos elevado a la altura de los requerimientos de Dios. Aquellos de ustedes que conocen griego, conocéis el origen gráfico de la palabra “pecado”. Al principio “pecado” era un término que se usaba al que tiraba con el arco. Cuando un arquero no daba en el blanco, la persona que verificaba los blancos gritaba “pecado”, lo que significaba que el arquero, no había dado en el blanco. Dios, que es perfecto, debe tener en su presencia justicia perfecta y santidad perfecta. Estos son sus requerimientos, o sea, el blanco que nosotros debemos alcanzar. Y como todos nosotros no estamos a la altura de esos requerimientos, somos pecadores. Si queremos ser honestos, debemos reconocer que nuestras vidas no son perfectas.

Nosotros mentimos, robamos, codiciamos, envidiamos; somos celosos, nerviosos, llenos de avaricia y deseos. No somos perfectos en ningún concepto. Podemos comparar nuestras vidas con la de otros y sentirnos bien, pues seguramente, no habremos cometido los crímenes de Stalin o Hitler. Pero este es un ejercicio inútil. Sea quién seamos, inclusive los mas buenos de entre nosotros no se han erigido a la altura de la perfección de los requerimientos de Dios. Por obra de nuestros pecados, estamos completamente separados de Dios, el cual nos ama. Cuando Dios dice sí, nosotros decimos no. Cuando Dios dice no, nosotros decimos sí. La mayoría de los hombres, si son sinceros consigo mismos, van a estar de acuerdo que, en el fondo de su ser algo no anda bien y que estamos en falta.

El vacío se debe al hecho que estamos separados de Aquel que nos creó. Permitidme expresar esto de otra manera. La mayoría de los hombres piensan que nosotros nos ganamos el camino hacia Dios mediante los puntos que obtenemos mediante las obras buenas. Si trabajas bien, serás promovido. Si estudias concienzudamente en la escuela, tengo buenas notas. Si me entreno bien jugando al fútbol, voy a estar en el equipo. Nosotros creemos que podemos llegar a Dios del mismo modo: Como Él es un Dios bondadoso, la humanidad debe trabajar duro haciendo obras buenas para llegar a Él. Pero justamente aquí, la lógica se derrumba. Dios es la bondad perfecta, y nuestras buenas obras no pueden nunca alcanzar su nivel.

Mirad un cuadro mental sobre lo que quiero decir. Supongamos que Dios está en Nueva York y que todos los hombres del mundo viven en Inglaterra. Dios dice: “Si queréis tener una relación conmigo, debéis cruzar nadando el océano desde Inglaterra hasta Nueva York.” Así que todos los hombres se lanzan al agua. Unos nadan sólo un kilómetro. Otros, diez kilómetros. Algunos atletas poderosos llegan hasta los 300 kilómetros por sobre las olas. Un nadador olímpico quizás nade 500 kilómetros. Pero nadie puede nadar toda la distancia hasta Nueva York. Es algo imposible. Del mismo modo que los distintos niveles de nadadores, nosotros podemos comparar nuestra bondad con la de los que están alrededor nuestro.

Podemos decir: “Yo no abandoné mi esposa”, o “yo muy raras veces miento”, o “yo no soy un asesino”. Pero en última instancia nosotros no somos categorizados por comparación con otros, sino que somos juzgados en comparación con la bondad perfecta de Dios, y no llegamos a dar en el blanco.

No podemos nadar la distancia completa. Conforme a los requerimientos de Dios, que nos creó, nosotros somos pecadores. Merced a nuestros pecados, no podemos esperar otra cosa que la separación de Dios. Es muy lógico, que si a mí me es imposible nadar de Inglaterra a Nueva York, yo no necesito lecciones de natación, sino otro modo de cruzar el océano: Un barco o un puente. Pues bien, Jesús dijo que Él es el puente que une un Dios santo con un hombre pecador.

Este es el motivo por el cuál murió Jesucristo. Este es el motivo por el cual la cruz de Cristo es la pieza central de la historia humana. Por eso, para llegar a Dios es necesario mucho más que un camino casual que lleva arriba, hacia la montaña. Nosotros nunca podemos ofrecerle a Dios perfección, el monte no puede ser escalado. Dios dijo que sólo Él determina cómo llegan los hombres a su casa. Jesús dijo:

Yo soy el camino. Yo soy la puerta, y si entras por esta puerta, vas a llegar a la casa de Dios”.

La Verdad

La segunda cosa que dijo Jesús, fue: “Yo soy la verdad”. Esta afirmación es bastante estrecha, ¿no es así? Pero la definición de verdad, es bastante estrecha. Podes decir: “Esto puede ser válido para ti, pero no para mí”. Pero las cosas no son así en lo que respecta la verdad. Si Lenin fue el primer secretario general del partido Comunista de la Unión Soviética, esto no es sólo verdad para ti, sino que para mí, para ti y para el resto del mundo. Si George Washington fue el primer presidente de mi país, esto no es verdad sólo para mí, sino también para ti y para el resto del mundo. Por consiguiente, si Jesús es la “verdad” entonces eso es verdad no sólo para mí, sino para el resto del mundo. Tú puedes decir que si crees que algo es verdad, eso es verdad para ti.

Pero eso tampoco es racional. El hecho que un hombre cree en algo, no hace que ese algo sea verdad. Y el hecho que un hombre no cree que algo sea verdad, no hace a ese algo mentira. Mi fe ni establece ni destruye la verdad. La clave está en, qué es la Verdad. Supongamos que hay una delgada capa de hielo sobre el río Moscú, y yo creo que el hielo me va a sostener, de modo que me permita cruzar el río. Empiezo a caminar sobre el río con una gran fe en ese hielo. Pero yo creo una mentira. No importa cuán poderosa sea mi fe, si camino sobre esa capa delgada de hielo, ella se va a romper y voy a ahogarme.

Mi fe en ese hielo no estableció que aquello que yo creía era verdad, o sea, que el hielo podrá soportarme. Y al revés, la persona que camina sobre una capa gruesa de hielo que cubre un río quizás tenga poca fe, e igualmente está en condiciones de caminar sobre el hielo sin que le suceda nada malo. Veis entonces, no fue la fe la que creó la seguridad o inseguridad. El problema es, si puse mi fe sobre una verdad o una mentira, si el hielo es grueso o delgado. Si mi fe, por más que sea pequeña está sobre un hielo grueso, voy a caminar con seguridad. Pero si tengo una fe enorme sobre un hielo delgado, voy a experimentar la realidad de la destrucción.

Mencioné anteriormente que C. S. Lewis vivió muchos años de su vida como ateo, pero llegó a enfrentarse con el cristianismo basándose en las pruebas que apoyan la existencia de Jesús y sus afirmaciones. Mucho tiempo, él fue profesor de literatura del renacimiento en la Universidad de Cambridge, y más tarde en la Universidad de Oxford, y fue reconocido por muchos como siendo uno de los más grandes genios literarios del siglo XX.

Él dijo que Jesús afirmó sobre sí que Él es Dios, y que esto o es verdad o es mentira. Si Jesús es Dios y eso es verdad, entonces tú debes tomar una decisión con respecto a lo que tú harás con sus afirmaciones. Pero el profesor Lewis propuso que supusiéramos que Jesús afirmó que Él es Dios, pero que esa afirmación es de hecho, falsa. Existirían dos alternativas: Jesús supo que era falsa o no supo que era falsa. Lewis dijo después, que si Jesús afirmó que Él es Dios, pero esta afirmación era falsa, y Él sabía que era falsa, entonces Jesús era un mentiroso. Y no sólo mentiroso, sino que loco, porque se dejó matar por esa afirmación. Y no sólo fue un loco, sino el diablo del infierno porque Él les dijo a los hombres que tengan fe en Él para tener vida eterna.

Lewis llegó a la conclusión que no es racional considerar que la mayor influencia positiva que alguna vez conoció el mundo haya vivido una mentira tan grande. Un historiador del siglo XIX, W. Lecky, el que con seguridad no creyó en la religión revelada, con todo, escribió acerca de Jesús:

El carácter de Jesús no fue el más elevado modelo de virtud, sino la mayor motivación para practicar las virtudes, y ejerció una influencia tan profunda que se puede decir que el simple relato de unos tres cortos años de vida activa, hicieron más para la regeneración y el desarrollo de la humanidad, que todos los debates filosóficos y todos los consejos de los moralistas”.

Pero recordad que todavía tenemos una otra opción: Si la afirmación de Jesús que Él era Dios fue falsa, y Él creyó verdaderamente que era Dios, entonces significa que Él fue un desequilibrado mental y lo diagnosticaríamos como esquizofrénico.

Igualmente, ninguna de las características de Jesús no indican esquizofrenia. La mayoría de los siquiatras nos dicen que si el mundo viviera según las enseñanzas de Jesús, no tendríamos más guerras, asesinatos u odios. ¿Cómo podemos entonces suponer que un hombre tal era un esquizofrénico?

El siquiatra J.T. Fisher resumió muy bien este problema:

Si fuera que juntáramos todos los artículos sobre salud mental escritos alguna vez de los mejores psicólogos y psiquiatras, si los condensáramos y limpiáramos del palabrerío vano, si tomáramos de ellas únicamente aquello que es sustancial, y si los mejores poetas hubiesen tomado estas perlas del conocimiento científico puro y los expresaran de modo conciso, obtendríamos un resumen malo, pero completo del Sermón del Monte. Y si comparáramos estos dos escritos, el escrito de los poetas resultaría evidentemente de inferior calidad. Desde hace casi 2,000 años el mundo cristiano ostenta la respuesta completa a sus luchas incansables e infructíferas. Aquí… se encuentra el proyecto para una vida humana plena, con una óptima salud mental y agradecimiento”.

John Warwick Montgomery hizo la siguiente observación:

No podemos tener las dos. Si las enseñanzas de Jesús nos dan un proyecto para una vida humana llena de éxito, con una salud mental óptima, entonces el maestro no puede ser un loco que entiende al revés la naturaleza de su propia personalidad”.

Así el profesor Lewis llegó a la conclusión que ninguna de estas alternativas es racional. Frente a las afirmaciones que hizo Jesús sobre sí mismo, no tenemos sino cuatro alternativas:

    • Él es una leyenda.
    • Él es un mentiroso.
    • Él es un loco.
    • Él es Dios.

Aparte de la teoría de la leyenda, la cual desde el punto de vista histórico es irreal, nos quedan sólo tres posibilidades con respecto a la persona de Jesús: O Él es un mentiroso, o es un loco, o es Dios. La pregunta que se plantea, es la siguiente: ¿Cuál de todas estas alternativas es más probable?

Afirma que es Dios:

    • Él hizo esta afirmación.
    • Él no hizo afirmación.

Verdadero o falso: Él sabía que era falsa o Él no sabía que era falsa. Dios, mentiroso, loco o leyenda. Lewis llegó a la conclusión que Jesús no fue ni mentiroso ni loco, sino Dios.

La Vida

El siguiente aspecto de su afirmación es la clave para las otras dos: Jesús dice. “Yo soy el camino, la Verdad”. Después agrega: “Y la vida”. Este es el más importante aspecto de las afirmaciones de Jesús sobre sí. La afirmación de Jesús que Él es la “Vida” contiene la implicación que Él debe vivir en la eternidad para poderme dar a mí, vida eterna, o una vida que no termina jamás. Esta afirmación está ligada a su resurrección, el aspecto más importante de la credibilidad del cristianismo. Si Jesús no resucitó de los muertos, entonces Él no es la verdad y tampoco Él es el camino.

Toda la credibilidad de la vida de Cristo consta en su resurrección. Si Cristo no resucitó de entre los muertos y no venció la muerte, los cristianos son los más grandes locos de la tierra. Si Jesucristo no resucitó de entre los muertos, tu fe y la mía y la del mundo entero es inútil y vana. El punto neurálgico de la vida de Cristo en lo que respecta sus afirmaciones acerca de sí mismo, es la siguiente declaración: “Yo voy a ser rechazado. Voy a morir, y al tercer día voy a resucitar”.

El historiador Phillip Schaff, que escribió The History of the Christian Church (La historia de la iglesia cristiana), dijo:

La cuestión que representa la prueba infinita del cristianismo, es la resurrección. La resurrección es el más grande milagro o el más grande engaño que registra la historia”.

El Dr. William Lyon Phelps, de la Universidad de Yale, dice asimismo que:

La cuestión prueba para la vida de Jesucristo es su resurrección”.

Inclusive un conocidísimo ateo, H.L. Mencken, dijo:

No existe ni una modalidad de reconciliar la ciencia con la teología”.

Pero agregó:

Si Jesucristo resucitó de entre los muertos, este hecho hace que el cristianismo sea posible”.

Quedamos con una pregunta: ¿Resucitó Jesús de entre los muertos? Si resucitó, ¿qué evidencias existen para que lleguemos a esa conclusión conservando nuestra integridad intelectual?

Habitualmente las evidencias se reúnen de una forma de entre dos modos. Primero está el método científico, un experimento hecho en un medio controlado, habitualmente en un laboratorio, lo que significa que las circunstancias exactas pueden ser reconstruidas y el experimento puede ser repetido. Los hombres de ciencia formulan después una hipótesis de los datos recogidos.

Los acontecimientos históricos, por otra parte, tienen lugar en un determinado momento del tiempo y no pueden ser repetidos. No podemos utilizar el método científico para comprobar que Julio César existió. De modo que aplicaremos otro método de comprobación, el “Método Histórico Legal”. Éste es utilizado en los tribunales para probar la culpabilidad o inocencia, y para verificar la autenticidad de los eventos históricos reportados.

Para preservar nuestra integridad intelectual, no debemos temer el aplicar este método en nuestro estudio acerca de Jesucristo. Al final de cuentas, Él vivió, murió, y su resurrección está relatada en escritos históricos.

El profesor Wolfhart Pannenberg, de la Universidad de Munich dice:

Si la resurrección de Jesús ocurrió o no, es una pregunta histórica, y en este punto, la pregunta histórica es inevitable. Por eso, a esta pregunta se le debe responder al nivel del argumento histórico”.

Si nuestros conocimientos del pasado se basan en evidencias y testimonios del pasado, entonces la siguiente pregunta lógica unida con esta premisa es, si el testimonio es verdadero. ¿Es el testimonio respecto de la resurrección creíble? Cuando el testimonio es evaluado, éste debe estar abierto tanto para la autenticidad como la falsificación, para aquellos que hacen la evaluación. Así que cuando empiezo a ocuparme del testimonio con respecto a la resurrección, debo aplicar los mismos principios que los que son aplicados en los tribunales o los que se aplican cuando se examinan la credibilidad de cualquier evidencia histórica. Escuchad qué tienen que decir acerca de las evidencias relacionadas con la resurrección algunos expertos jurídicos cuyos pensamientos son guiados por estos principios.

El profesor Thomas Arnold, el que durante catorce años fue el presidente de la Universidad Rugby, el autor de la obra The History of Rome (La historia de Roma) y jefe de la cátedra de historia moderna de la Universidad de Oxford, conoció bien los métodos de evaluación de evidencias para determinar un hecho histórico. El gran sabio dijo, después de analizar con cuidado las pruebas históricas, que hay acerca de la resurrección de Cristo:

Hace muchos años estudio las historias de otros tiempos y examino y evalúo las evidencias de aquellos que escribieron acerca de ellas, y no conozco ningún hecho de la historia de la humanidad que pueda ser probado con evidencias tan buenas y tan completas de toda clase, para el entendimiento de un investigador honesto, como la gran señal que nos dio Dios que Cristo murió y resucitó de entre los muertos”.

John Capely, profesor de la Universidad de Cambridge, el que subió a las más elevadas posiciones en el sistema judicial de Inglaterra y fue reconocido como una de entre las más grandes intelectualidades jurídicas británicas, dijo:

Sé bien lo que es una evidencia y os digo que las evidencias que sostienen la resurrección nunca fueron probadas como mentirosas”.

Lord Darling, el que fue el jefe de justicia de Inglaterra, dijo:

Ningún jurado inteligente del mundo no puede sino dar el veredicto que el relato de la resurrección es verdadero”.

Tuve un amigo que fue jefe de promoción cuando terminó la Universidad. Era un pensador brillante. Alguien le preguntó por qué abrazó el cristianismo. Mi amigo le respondió: “Por el simple hecho que no puedo rechazar la resurrección”. Desearía que todos prueben rechazar la resurrección de Cristo, porque esto significaría que cada uno hará una investigación propia. Pienso en unos de los escépticos de la historia los que comenzaron con no estar de acuerdo con la resurrección, pero que, cuando fueron enfrentados con las evidencias, llegaron a creer en Cristo.

Uno de estos fue el profesor Simon Greenleaf. Él era profesor de derecho y jefe de la cátedra de derecho de la Universidad Harvard, una de las más selectas universidades de América. Él escribió un libro: Principles of legal evidence (Los principios de las evidencias legales), y tres de sus estudiantes lo retaron para que aplique su libro a la resurrección de Cristo, investigando la credibilidad de las evidencias con respecto al hecho que Jesús resucitó de entre los muertos. El profesor Greenleaf aceptó el reto.

Después del estudio, él dijo:

No existen evidencias históricas mejor documentadas que aquellas que sostienen que Cristo resucitó”.

Y agregó:

Tengo la certeza que podéis convencer a cualquier jurado de Inglaterra o de Estados Unidos que Cristo resucitó de los muertos”.

Pienso en otros dos que eran profesores en la Universidad de Oxford. Uno de ellos era Lord Lyttleton, y el otro el Dr. Gilbert West. Ellos quisieron destruir el “mito” del cristianismo. Ellos sabían que primero debían probar primero, que la resurrección de Cristo no sucedió, y después probar que el cambio producido en las vidas de los discípulos, no fue verdadero.

El Dr. West quería mostrar la falsedad de la resurrección, y Lord Lyttleton debía eliminar mediante explicaciones la conversión radical de Saulo de Tarso, el que quería destruir a los cristianos en el siglo I. Un año más tarde los dos llegaron a ser creyentes. En el libro que escribieron ellos dos con respecto a la investigación de las evidencias relacionadas con la resurrección, ellos dijeron:

No rechacéis hasta no investigar”.

Frank Morrison, un abogado británico que empezó a escribir un libro en el repudiaba la resurrección de Cristo, escribió al final un libro, pero no escribió el libro que intencionaba escribir. Cuando examinó las evidencias en apoyo a la resurrección de Cristo, este abogado escéptico encontró que estas evidencias son tan abrumadoras que fue obligado a aceptarlas, y llegó a ser creyente. El libro que escribió “Who Moved the Stone?” (¿Quien movió la piedra?), presenta las pruebas para la resurrección de Cristo.

Lew Wallace empezó asimismo a escribir un libro en el que deseaba probar como falsa la divinidad de Cristo y su resurrección, y al final llegó a defenderlo en el famoso libro Ben Hur.

El pensamiento estrecho

Creo que debo decir que hay algunos entre vosotros que van a rehusar creer sean cuales sean las evidencias que les traigan. Muchos hombres se niegan a aceptar las afirmaciones de Dios y de la persona de Cristo, sin basarse en una investigación intelectual, sino en supuestos filosóficos. Muchas veces en una Universidad puedes encontrar una persona que diga que ella no cree en la resurrección porque ella no cree en Dios, ni en las cosas sobrenaturales ni en milagros, sino que cree en un sistema estrecho de pensamiento. Los filósofos Espinoza y Hume dijeron que aunque le trajeran evidencias sobre la resurrección, ellos igual no creerían: ¿Por qué? No por falta de evidencias, sino porque ellos ya decidieron creer que no existe ni Dios, ni lo sobrenatural, ni los milagros.

No es necesario agregar que un pensamiento tal no representa la integridad intelectual sino la miopía filosófica. “Si todas la evidencias dicen que 2 más 2 son 4”, argumenta la mente estrecha, “yo decido creer que es igual a 3”. Así que yo me dirijo ahora a los que buscan la verdad de modo sincero, a aquellos que tienen un deseo auténtico de conocer a Dios. Apelo a tu integridad intelectual, semejante a la integridad intelectual de los escépticos del pasado que decidieron objetivamente probar que Dios no existe.

Cito a continuación una parte del libro Hechos de los Apóstoles del Nuevo Testamento, cita que Sir William Ramsey, el famoso arqueólogo, consideró unas de las más exactas historias del siglo I:

En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. Hechos 1:1-3

Tres evidencias

Existen tres evidencias concretas sobre las cuales están de acuerdo, tanto los cristianos como los no-cristianos. Estas evidencias son:

  1. Jesús fue crucificado.
  2. Existió un sepulcro vacío.
  3. Hubo un anuncio de Pascua: ¡Resucitó!

Jesús fue crucificado sobre una cruz alrededor de los años 29-30 d.C. Él fue bajado de la cruz y fue puesto en el sepulcro de José de Arimatea. Los documentos históricos afirman que una gran piedra, pesando una o dos toneladas, fue puesta en la entrada del sepulcro.

Sobre esa piedra fue puesto el sello romano, que tenía un efecto psicológico, el mismo efecto que tenía el sello de la KGB sobre una puerta: Si tú destrozas el sello, nosotros te destrozamos a ti. Una guardia romana fue puesta frente a la tumba, para cuidar que nada suceda con el cadáver. Esa guardia estaba formada por cuatro, hasta dieciséis militares bien instruidos.

Con todo, tres días más tarde el sepulcro estaba vacío. Algunos escépticos, intentando explicar el sepulcro vacío, presentan teorías que de hecho necesitan más fe que la resurrección misma. Una teoría se llama “la teoría del desmayo”, y fue lanzada por Venturini. Ella sugiere que Jesús no murió en la cruz, y que Él fue bajado de la cruz, pero cuando fue acomodado en el sepulcro, la humedad del sepulcro le revivió su cuerpo. Él hizo a un lado esa piedra gigantesca, se coló por entre la guardia, se mostró a los discípulos como un Dios triunfador, y después partió y murió en otro lado. Ni los más escépticos no aceptan esta teoría, pero algunos la utilizan para intentar fundamentar la posición de que Cristo no resucitó de entre los muertos.

Otra teoría dice que las mujeres fueron a un sepulcro equivocado. Si las mujeres fueron a un sepulcro equivocado, eso significa que la guardia romana también fue a un sepulcro equivocado. De esa manera, el cuerpo podría haber sido hallado en el sepulcro en el que fue colocado. Estas teorías y otras semejantes se oponen al sepulcro vacío y al hecho que los discípulos exclamaron: “¡Jesús está vivo! ¡Él vive!”. Si esto hubiese sido una mentira, las autoridades hebreas hubiesen podido ir al sepulcro, tomar el cadáver, exponerlo en medio de Jerusalén y decir: “¡He aquí vuestro Salvador resucitado!”, y el movimiento cristiano y el anuncio de la resurrección se hubiese terminado entonces. Pero ellos no pudieron encontrar el cadáver. El sepulcro estaba vacío.

John Warwick Montgomery, apologista cristiano y ex-decano de la facultad de derecho Simon Greenleaf, dijo:

Está más allá de las fronteras de la credibilidad que los primeros cristianos hubiesen inventado un cuento tal y después lo prediquen en medio de aquellos que fácilmente pudieron haberlo desmentido, trayendo el cuerpo de Jesús”.

Paul Althaus, de la Universidad Earlangen de Alemania agrega:

La resurrección no podría haberse sostenido en Jerusalén ni un día, ni siquiera una hora, si el sepulcro vacío no hubiese sido un hecho establecido para todos los implicados”.

La explicación del sepulcro vacío podría ser natural o sobrenatural. Si Cristo verdaderamente resucitó sobrenaturalmente por Dios, entonces, yo con toda autoridad puedo llamarte a que te arrepientas de tus pecados y que confíes en Cristo como tu Salvador personal y Señor, porque esta es la reacción lógica.

Pero si la explicación es natural, alguien tendría que haberse llevado el cadáver. ¿Quiénes? ¿Los soldados romanos? No, ellos fueron puestos para mantener el cuerpo en el sepulcro. ¿Las autoridades hebreas? No, porque ellos hubiese traído el cadáver y hubiesen declarado: “¡He aquí vuestro Salvador resucitado!”, para desmentir la afirmaciones de los discípulos. Quizás los discípulos llevaron el cadáver y propagaron la mentira que Jesús es Dios y que resucitó de entre los muertos. Pero las evidencias recogidas por los que hicieron las investigaciones, sugieren lo contrario. Primeramente, los discípulos no esperaban que Jesús resucitase de entre los muertos. Jesús les dijo repetidas veces que Él iba a morir y que después de tres días iba a levantarse del sepulcro, pero ellos no entendieron.

Después de que Jesús murió, los discípulos eran once hombres espantados, que se escondían y huían para salvar sus vidas. Su Dirigente estaba muerto y sus sueños destruidos. Con todo, tres días después, este grupo llegó a ser atrevido, lleno de coraje y visionario. ¿Qué provocó este cambio? No el hecho que vieron el sepulcro vacío, sino el hecho que vieron a Cristo resucitado de entre los muertos. ¿Qué podrían ganar los discípulos inventando un cuento acerca de la resurrección de Cristo? ¿Prestigio? ¿Riquezas? ¿Poder? ¿Posición? Permitidme deciros qué ganaron: Todos, menos uno, murieron martirizados.

Unos fueron decapitados. Unos fueron crucificados. Unos fueron apedreados, o muertos con palos. Todo esto porque sostuvieron que Jesús está vivo y ofrece perdón de los pecados y vida eterna. He aquí una lista de lo que ganaron los onces apóstoles, y primeros conductores cristianos, por el hecho de sostener que Cristo resucitó:

  • Andrés: Crucificado.
  • Bernabé: Apedreado por los judíos.
  • Bartolomeo: Muerto por apaleamiento.
  • Jacobo, el hermano de Cristo: Apedreado.
  • Jacobo, el pequeño: Golpeado y tirado al vacío desde una torre del templo.
  • Juan: Muerte natural.
  • Judas: Crucificado.
  • Lucas: Colgado de un olivo.
  • Marcos: Arrastrado por los pies por las calles y después quemado.
  • Matías: Apedreado y decapitado.
  • Mateo: Muerto por espada.
  • Pablo: Decapitado.
  • Pedro: Azotado y crucificado boca abajo.
  • Felipe: Azotado y crucificado.
  • Simón: Crucificado.
  • Tomas: Muerto con lanza.
  • Jacobo, el hijo de Zebedeo: Muerto por espada.
  • Tadeo: Muerto con flechas.

Si la historia de la resurrección fue una mentira, ellos debían saber que era una mentira, pero lo que nosotros sabemos acerca de su moralidad, contradice la posibilidad que ellos hayan vivido una mentira. Harold Mattingly escribe en su obra histórica:

Los apóstoles Pedro y Pablo sellaron su testimonio con su sangre”.

Tertulio escribió:

Ningún hombre está dispuesto a morir si no está convencido que tiene la verdad”.

Es verdad que muchos hombres murieron por una mentira, pero únicamente cuando ellos creían que era verdad. Los hombres no mueren por una mentira. Si los discípulos mintieron, significa que ellos indujeron al error deliberadamente al mundo entero, pero esto no se condice con sus enseñanzas y escritos de las Escrituras, ni con la conducta moral que predicaban a los hombres. Ellos promovieron la honestidad, integridad y verdad.  Los apóstoles Pedro y Pablo, sellaron su testimonio con su sangre.

Edward Gibbon, en su libro The Rise and Fall of the Roman Empire, enumera cinco motivos para la difusión del cristianismo en el siglo I, de entre los cuales uno es:

El comportamiento puro, honesto, sincero y lleno de fe de los discípulos”.

El mensaje de Cristo es que nos amemos unos a otros, que seamos buenos y digamos la verdad. ¿Es posible que ellos hayan vivido una inmensa mentira? No, yo creo que ellos vieron a Cristo resucitado y sus vidas cambiaron radicalmente y fueron por el mundo para contar la “Buena Nueva” del amor de Cristo por cada persona; acerca de su muerte en su lugar, acerca de su resurrección que venció la muerte, y acerca del hecho que Él está vivo ahora. Él está presto a dar vida, porque Él es el Camino y la Verdad para todos aquellos que creen en Él.

Paul Little pregunta en su libro Know Why You Believe (Que sepas lo que crees):

¿Son estos hombres que ayudaron a transformar las estructuras morales de la sociedad unos mentirosos o locos engañados? Estas alternativas son más difíciles de creer que la resurrección, y no hay ninguna pizca de evidencia que lo sostenga”.

La otra opinión, así como hemos afirmado anteriormente, es una explicación sobrenatural de la resurrección de Cristo: Dios lo resucitó de entre los muertos y Él vive hoy.

Esto es lo que yo creo que es; no sólo la verdad, sino la verdad racional. Jesús afirmó que es el único camino hacia una relación con Dios, y la única verdad mediante la cual los hombres pueden ser libres. Él es el único camino hacia la cumbre de la montaña, Él es el único puente entre Inglaterra y Nueva York. Únicamente mediante Él, el hombre puede llegar a ser completo y conocer al Dios vivo y verdadero. Y únicamente mediante Jesucristo el hombre obtiene la vida. Jesús dijo que es la Vida, venciendo la muerte en nuestro lugar.

En mis años de estudiante en la universidad, me impresionó profundamente una afirmación de Blaise Pascal. Según sabéis, Pascal fue un brillante matemático del siglo XVI, un milagro que sorprendió a Europa con ecuaciones matemáticas sofisticadas cuando sólo tenía dieciséis años. A la edad de treinta y un años escribió el clásico verso:

En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios. Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada. Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús”.

En un momento dado reconocí este vacío en mi vida. Me planteaba preguntas de esta clase: “¿Quién soy yo? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué hago yo aquí?” Y cualquiera que haya sido lo que realizaba en mi vida, tenía el sentimiento de vacío y sin sentido. Buscaba encontrar respuestas. Dediqué mi vida al atletismo. Pero cualquiera sea la cosa que hacía, no encontraba sentido a lo que hacía. Me dediqué a las preocupaciones intelectuales, y cualquiera haya sido lo que yo realicé en la Universidad, tenía el sentimiento que algo me faltaba.

Ves, amigo mío, Dios nos hizo a ti y a mí de tal manera, que nunca tengamos el sentimiento que estamos completos y que nuestra vida no tiene sentido hasta que no llegamos a conocerlo personalmente. Dios nos hizo de tres partes. Él nos hizo criaturas físicas y nos dio la capacidad mental. Asimismo nos dio una capacidad espiritual, pero la mayoría pasa por esta vida con dos tercios de su persona. Nos desarrollamos física y mentalmente, pero no espiritualmente. Nunca llegaremos a estar completos hasta que no lleguemos a conocerlo a Dios personalmente, y esto es posible mediante la persona de Jesucristo.

Este es el único modo mediante el cual puede ser llenado nuestro vacío espiritual. De todas las cosas dichas aquí, desearía que especialmente sepas cómo puedes conocer a Jesucristo personalmente. Primero tienes que saber que Dios te ama. Nos dicen que Dios ama al mundo de tal manera que dio a Jesucristo por él. Juan 3:16. Dios nos ama tanto que creó un Camino mediante el cual podemos llegar a Él. Pero para llegar a Él, y este es el segundo punto, debemos reconocer que lo necesitamos. Debemos reconocer que por nuestras rebeliones existe un abismo entre nosotros y Él. Esto nos conduce al tercer punto, Jesús dijo:

Si no os arrepentís, o sea, si no renunciáis a vuestros viejos caminos, moriréis en vuestros pecados”.

El arrepentimiento significa un cambio de mente.

Toda tu vida anduviste en una dirección que te alejaba de Dios. Dios quiere tener una relación contigo; Él quiere que te vuelvas y camines hacia Él. Nosotros hacemos esto cuando reconocemos delante de Dios que somos pecadores y que queremos cambiar nuestros conceptos acerca de Él. Debes entender que Jesús murió sobre una cruz por ti. Para ilustrar el problema del pecado, vamos a suponer que tú tienes una deuda de pecado y yo también tengo una deuda de pecado.

Una deuda significa que yo tengo una obligación, que debo algo a alguien. Nosotros tenemos una deuda imposible de pagar frente a Dios. Yo no puedo pagar tu deuda, porque tengo que pagar la mía. Tú no puedes pagar mi deuda, porque tienes la tuya. La Biblia dice: “La paga del pecado es la muerte”. Con otras palabras, un pago es algo que yo gano.

Yo trabajo y recibo como pago una suma determinada de dinero. Lo que yo gané, la remuneración por mis pecados es la muerte, separación eterna de Dios. Es como si tú debieras un millón de pesos, y ganaras un peso por día. No tienes cómo pagar esta deuda. Necesitas de alguien con capacidad para pagar tu deuda, porque el pecado tiene una consecuencia, a saber, eterna separación de Dios.

Cuando Nicolás II era Zar en Rusia, un padre inscribió a su hijo en el ejército, con la esperanza de introducir disciplina y dirección en su vida. Entre otras cosas, el joven tenía la debilidad de los juegos de azar, y la atmósfera en el ejército parecía hacerle más mal que bien al respecto. Su trabajo en el ejército era ser el tesorero.

A medida que sus deudas de juego crecían, él iba tomando dinero de la tesorería del ejército para pagarse las deudas. Como perdía más de lo que ganaba, se metió más en las deudas. Una noche, analizando la situación, él hizo la suma total de sus deudas. Cuando vio cuan inmensa era la suma que debía, escribió sobre una hoja de papel: “¿Quién puede pagar una deuda tan grande?” Después, apoyó su espalda en la silla, con el rifle en la mano, para reflexionar algunos momentos. Mientras pensaba en su vida y en su muerte, se durmió. El Zar Nicolás II inspeccionaba esa noche la unidad. Cuando entró en la oficina del funcionario, vio al soldado durmiendo, el rifle amartillado y la hoja de papel que revelaba la verdad.

Cuando el soldado se despertó, miró asombrado la hoja con el registro y leyó las palabras: “¿Quién puede pagar una deuda tan grande?” Bajo ellas estaban las palabras: “Pagado totalmente, Zar Nicolás II”.

Este es el motivo por el cual Dios se hizo hombre y vivió una vida perfecta. Él no tuvo pecado. Él no tuvo deudas. Lo que hizo Dios con la deuda que tú tenías por tus pecados, fue enviar a Jesucristo, y Jesucristo, en su amor por ti, pagó tu deuda. Cristo murió en tu lugar, como sustituto tuyo. Dios puede ahora perdonarte y darte una vida nueva si eliges recibir a Cristo. Pero el sólo hecho que reconociste tu estado pecaminoso y aceptas la muerte de Cristo, y entiendes estas cosas a escala intelectual, no te lleva a una relación con Dios.

Debes tomar una decisión. La Biblia dice:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Es decir, cada persona, individualmente, debe recibir a Cristo para ser miembro de la familia de Dios. Lo que aceptamos de Dios es un don, porque nosotros no podemos darle nada a Dios a cambio. No podemos decirle: “He aquí nuestras buenas obras. Quiero pagar mi deuda con mis obras buenas; ellas deben ayudarme a llegar al cielo”.

La Biblia dice:

Porque por gracia (don inmerecido) sois salvos (hechos hijos de Dios) por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras para que nadie se gloríe”. Efesios 2:8-9

Asimismo, la Biblia dice:

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 6:23

Supongamos que yo tengo una lapicera que quiero dártela como regalo. Podrías decir que es una lapicera hermosa, y desearías que esta lapicera fuera tuya. ¿Qué debes hacer para obtenerla? Debes tomarla.

Puedes creer en esa lapicera e intelectualmente puedes tener mucha información acerca de la misma. Pero la lapicera no es tuya hasta que no la tomas. Seguramente, puedes quedarte dónde estás ahora, separado de Dios. Con respecto a esta decisión, Él dice que la paga del pecado es la muerte, pero después agrega: “Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. El don es gratis, pero tú debes aceptarlo para que sea tuyo. ¿Cómo recibes tú ese don? Es como si yo llamara a la puerta de tu casa. Tú puedes tomar la decisión de quedarte en tu silla y digas: “Sé que John está a la puerta, pero no quiero verlo”. De última, yo me iré.

También puedes acercarte hasta la puerta y digas: “John, no me gustas y no quiero verte. Adiós”. Y yo partiría. También podrías abrir la puerta y decir: “John, ¡qué bueno es verte! ¡Ven adentro! ¡Entra en mi casa!” A tu invitación, yo entro en tu casa. Exactamente esta es la relación de Jesucristo contigo. Él dice:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él”. Apocalipsis 3:20

Esta decisión se toma por fe.

Ella representa la verdadera confianza en la verdad de Dios. Esta fe en Cristo implica tres cosas. Primero, debes conocer lo que Dios hizo mediante Cristo, gracias a Su amor hacia ti. Segundo, de creer en este hecho y aceptarlo como verdad. Y tercero, y el más importante debes poner tu CONFIANZA personal en las evidencias que conoces, y apoyarte en el hecho que la obra de Cristo en la cruz es suficiente pago para tus pecados.

La verdadera fe

El conocimiento de los hechos. El creer que son verdad. Confianza personal. Mira este problema de la siguiente manera:

Supongamos que yo SÉ todo sobre ascensores y creo en ellos. Yo creo que un ascensor me lleva de la planta baja al quinto piso. Pero yo no experimento el ascensor, hasta que no subo a él. Hasta que yo no tengo confianza, basándome en él.

Jesucristo hoy está vivo. Él pagó un precio fantástico para que tú y yo podamos tener una relación con Dios. Él te ama y te ofrece perdón como un regalo gratuito. Todo lo que tienes que hacer es agradecerle que muriera en tu lugar, tener confianza en Él y tomar la decisión de recibirle. Debes hacer una decisión, abriendo la puerta de tu corazón a Aquel que golpea y desea entrar.

¿Quieres tú llegar a conocer a Jesucristo hoy?

Yo espero haberte mostrado que la fe cristiana es una fe inteligente, y que ella tiene una base racional. No es un salto en la oscuridad, es un paso hecho en la luz. Te dije que Jesús está vivo. Es necesaria poca fe para que tú y el amor de Dios os unáis. No es necesario que entiendas todo. Pero una vez que dijiste: “Sí Jesús, te agradezco que hayas muerto por mí: Te ruego que entres en mi vida”. Cristo puede entrar en tu vida.

Entonces podrás experimentar las cosas de las cuales te hablé. Yo estaba muchos años sólo en el nivel intelectual, y sólo más tarde entendía cómo recibir a Cristo. Hoy puedo testificarte acerca del amor y el perdón de Dios, los que pueden ser encontrados en Cristo. La Biblia resume el Evangelio en 1ª Corintios 15:3-5:

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce”.

Quisiera terminar conduciéndote en oración. Si quieres, puedes orar conmigo, si estás listo para confiar en Cristo como tu Salvador personal. Algunos lectores quizás todavía buscan conocer cosas en relación con Jesucristo. Pero algunos saben que Dios ha hecho algo en su corazón, y si no lo entiendes totalmente, sabéis que lo que he compartido es verdad:

Señor Jesús, te agradezco que moriste por mí. Reconozco que he pecado. Me arrepiento de mis caminos y deseo cambiar la dirección de mi vida. Te ruego que perdones de mis pecados. Ahora abro la puerta de mi vida, te ruego que me perdones mis pecados y te suplico que entres en ella como Salvador y Señor. Confío en ti para el perdón de mis pecados y para el don gratuito de la vida eterna. Amén”.

Ahora, regresa a tu casa y dirige esta oración a Dios, sólo tú y Él. Si hiciste esta oración (en voz alta), quisiera que leas el capítulo tres del Evangelio de Juan y después el resto del Evangelio.

______________________________________________________________________

Escrito por: John M. Maisel.

Gracias a: [dalfa@b4sh ~]$

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